Milei anunció que enviará al Congreso una reforma electoral que incluirá como primer punto la eliminación de las PASO.
El Gobierno le urge cambiar la agenda de discusión pública de temas que lo tienen a maltraer, entre casos de corrupción y una economía deprimida. Señal de esta premura fue que, desde Israel, el presidente Javier Milei anunciara el envío al Congreso del proyecto de reforma electoral basada en tres ejes. El más importante, y el que seguramente generará mayor polémica, es la eliminación de las PASO, dado que apunta directamente a las posibilidades de organización de la oposición. Sin embargo, en los últimos días, mientras las encuestas mostraban una persistente caída de apoyos, en la Casa Rosada admitían que sería difícil contar con los votos para avanzar con esa eliminación y que, en todo caso, se conformarían con quitar la obligatoriedad de la participación, un punto clave para asegurar la gobernabilidad en 2027.
«Eliminamos las PASO: basta de obligar a los argentinos a pagar las internas de la casta», anticipó el Presidente al anunciar el primer punto de la reforma que este miércoles enviará al Congreso. Las PASO nacionales fueron suspendidas en 2025 y ya era conocida la intención del Gobierno de avanzar en su eliminación definitiva. En general, los oficialismos -tanto nacionales como provinciales- son refractarios a las primarias, que democratizan la elección de candidatos, y prefieren mantener en sus manos la definición de las listas. Por eso, hasta hace unos meses, era probable que el Ejecutivo consiguiera el acompañamiento de un número suficiente de gobernadores dialoguistas para su aprobación. Pero la caída en la popularidad de la gestión libertaria y la expectativa de un eventual rearmado opositor cambiaron el panorama.
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Las leyes electorales requieren mayoría absoluta en ambas Cámaras: 129 diputados y 37 senadores. La Libertad Avanza cuenta con 95 diputados y 21 senadores, por lo que deberá sumar una cantidad significativa de apoyos. El peronismo rechaza modificar la ley de Democratización de la Representación Política que impulsó Néstor Kirchner en 2009, que introdujo las primarias abiertas para la definición de candidaturas. “¿Ahora querés eliminar las PASO para dividir a la oposición? Además, no decís cómo se seleccionarán los candidatos de los partidos. ¿Es tu dedo?”, cuestionó al Presidente el diputado Sebastián Galmarini, politólogo y cuñado de Sergio Massa.
El senador Sergio Uñac también reaccionó. Días atrás se había adelantado a esta posibilidad con una carta a la conducción nacional del PJ, en la que reclamó la organización de internas abiertas antes de fin de año. “Debido a nuestra responsabilidad histórica no podemos seguir reaccionando a lo que otros deciden”, insistió tras el tuit de Milei. “Propuse una interna amplia, abierta y participativa para el peronismo y sus aliados. No para discutir nombres, sino para debatir ideas y ordenar liderazgos”, agregó el exgobernador de San Juan, que ya anticipó su voluntad de competir. En paralelo, en su intento de construir el ala derecha de un gran frente nacional anti-Milei, el diputado Miguel Angel Pichetto consideró a las PASO una herramienta clave para definir la conducción de ese armado amplio, en el que espera que confluyan referentes de distintos partidos y sectores.
Pero no sólo desde el peronismo anticiparon rechazos. El senador radical Maximiliano Abad, al participar de una jornada organizada por la Cámara Nacional Electoral -en la que también expuso el ministro del Interior, Diego Santilli-, se inclinó por mantener las primarias. “Eliminar las PASO sin un sistema superador es volver al momento en que las cúpulas armaban las listas entre cuatro paredes. No estamos en contra de modernizar. Estamos en contra de retroceder”, subrayó.
En tanto, aún no se conoce la postura del expresidente Mauricio Macri, abocado al relanzamiento del PRO y a la posibilidad -todavía lejana- de rearmar Juntos por el Cambio con un sector del radicalismo en caso de que el gobierno de Milei continúe deteriorándose. En ese escenario, las PASO resultarían funcionales, como lo fueron en 2015, para ordenar la interna de la alianza. Legisladores del PRO sostenían que eran partidarios de mantener las primarias, aunque se mostraban abiertos a discutir la obligatoriedad.
Con ese diagnóstico respecto a la oposición dialoguista, en la Casa Rosada ya se resignaban a avanzar con un plan B. Si efectivamente no alcanzaban la mayoría en el Congreso, buscarían convencer a sus aliados de convertir las PASO en PAS, es decir, quitarles el carácter obligatorio y que sólo voten los partidos con más de un candidato, y no aquellos que ya tengan sus listas definidas, como previsiblemente ocurrirá con el oficialismo. De ese modo, no podrían impedir que la oposición las utilice para organizarse, como es probable que hagan el peronismo y quienes se le sumen. Pero al menos evitarían que el resultado de las primarias impacte sobre la gobernabilidad, como ocurrió con Macri en 2019.

En este contexto, todo indica que el año próximo la mayoría de los gobernadores se replegará en sus territorios y avanzará con un amplio desdoblamiento electoral. Una seguidilla de derrotas en el interior podría profundizar la inestabilidad de un Gobierno que ya exhibe fragilidad económica, más aún si el escenario internacional se torna adverso ante un mal desempeño de Donald Trump en las legislativas de noviembre. En ese marco, una eventual derrota frente al peronismo en unas PASO previstas para el 8 de agosto podría convertir el tramo final del mandato en una etapa de fuertes turbulencias, un escenario que el Ejecutivo buscará evitar y para el que podría encontrar respaldo en la oposición dialoguista.