El Milagro Salteño
En el segundo día del Triduo del Milagro, monseñor Santiago Olivera, Obispo Castrense de la República Argentina, presidió la misa central de la Exaltación de la Cruz, donde compartió su mensaje a la feligresía, destacando la devoción del pueblo ante la fe viva hacia el Señor y la Virgen del Milagro.
En el inicio de su homilía en la Catedral Basílica, el prelado agradeció la invitación a la festividad salteña e hizo referencia al valor histórico que une los acontecimientos religiosos de la fecha. «Vengo con mucho gusto a esta catedral que respira fe desde hace más de tres siglos, en medio de estos días en que Salta entera se estaciona para encontrarse con el Señor y la Virgen del Milagro», expresó el obispo durante el oficio.
Sobre los orígenes históricos de los cultos patronales en la provincia y su vinculación directa con el significado teológico del leño sagrado, el obispo recordó los sucesos fundacionales del siglo XVII. «La devoción del Milagro y la devoción a la cruz en Salta son la misma devoción, la certeza de que Dios no abandona a su pueblo cuando tiembla la tierra ni cuando tiembla la vida», remarcó Olivera ante los fieles.
Respecto a las lecturas del Evangelio y las dificultades que atraviesan las familias en la actualidad, el referente eclesiástico reflexionó sobre la necesidad de no evadir las situaciones complejas sino de asumirlas desde el compromiso interior. «Dios no cura escondiéndonos el mal, sino invitándonos a mirarlo de frente y a mirar junto con él el signo de la salvación», sostuvo.
En cuanto al lema que convoca a las festividades patronales durante esta edición, relacionó la búsqueda de la concordia con la actitud humilde hacia el prójimo. «La paz que le pedimos al Señor del Milagro es una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante, porque cuando la verdad entra en un corazón va sacando de a poco todo lo que ese corazón traía para pelear«, puntualizó Olivera.
En relación al esfuerzo de las delegaciones de peregrinos que arriban desde parajes distantes, la autoridad episcopal valoró el sentimiento de entrega demostrado por la comunidad durante los festejos religiosos. «Se lo digo a este pueblo que sabe pedir con el corazón, que sabe caminar de rodillas, que sabe llorar frente a una imagen y también sabe alegrarse cantando en una procesión«, indicó el monseñor en su homilía.