Cómo fueron los embarazos y los partos en tiempos de pandemia


4 noviembre, 2020


04-11-20  Guerras, crisis o pandemia. No importa qué ocurra, la vida no se detiene y, mientras la humanidad pelea contra el SARS-CoV-2, cientos de bebés llegaron al mundo. Y quién más que aquellas que estuvieron junto a los pequeños y sus madres para conocer cómo fue nacer bajo la sombra del coronavirus.

La Región Sanitaria IV de la provincia de Buenos Aires fue la más afectada por la pandemia dentro del distrito bonaerense. Es por eso que A24.com habló con 5 obstetras de ese distrito para conocer cómo fue recibir a decenas de niños en tiempos de restricciones, protocolos y miedos.

«Tuvimos que armar una planificación estratégica a más no poder. Hubo que cambiar a un modelo de atención que no existía«, explicó Nancy Ale, Jefa de diagnóstico e internación del Servicio de Obstetricia del HIGA Pedro Fiorito (Avellaneda), y Vicepresidenta del Colegio de Obstétricas de la Provincia de Buenos Aires (Distrito VI).

«Se aprendió a optimizar los servicios y los recursos, variamos las formas de trabajo, de cuidarnos y de cuidar al otro. Aprendimos a prestarle atención a otras cuestiones y empezamos a hablar de protocolos«, destacó Miriam Giménez, Presidenta del Colegio de Obstétricas de la Provincia de Buenos Aires (Distrito VI).

Cambios y mejoras

El COVID-19 fue una constante de marchas y contramarchas. Toda certeza dejaba de serlo en cuestión de días y las modificaciones en el comportamiento de la enfermedad le impusieron a los profesionales desafíos casi diarios que también se trasladaron a las salas de parto y a los quirófanos

«Las primeras cuarentenas nos permitieron no solo abastecer a los hospitales, sino también cambiar viejas costumbres, que no es fácil«, señaló Giménez.

Los hospitales debieron generar circuitos para evitar los contagiosminimizar la cantidad de pacientes circulando instaurando días o espacios específicos y aplicar un ordenamiento, incluso, a la hora de los nacimientos. «Tuvimos que adecuar, dependiendo de las instalaciones hospitalarias, el acompañamiento a las embarazadas», explicó

«Al personal le pidieron reducir los horarios para evitar la circulación en el hospital. El que podía hacer trabajo desde la casa lo hacía y quien no podía juntaba horas para no tener tanta presencia todos los días», afirmó Amelia Ferrer, del Hospital Dr. Eduardo Oller (Quilmes).

Es más, «se unificaron las prestaciones. La embarazada venía y se iba con todo lo que tuviera que hacer hecho, ya no con una pila de papeles a buscar los turnos», afirmó Ale, al tiempo que Noemí Princich, del Hospital Santamarina (Esteban Etcheverría), agregó: «Logramos mejorar la articulación del primero con segundo nivel, la obstetra se comunicaba con el hospital y ya le dábamos el turno«.

Presunciones que cuidan

Al principio de la pandemia, las embarazadas fueron puestas como grupos de riesgo. Luego se desestimó que fueran más afectadas que la población general y también aparecerían algunas asintomáticas.

Ante esta realidad, decenas de obstetras terminaron contagiadas. «Para nosotras, todas las embarazadas son COVID positivo, así le perdemos un poco el miedo a la enfermedad y extremamos los cuidados. A la mínima sintomatología se hace el hisopado tanto a la mamá como al bebe», afirmó Ale.

«A veces hay exigirle a las mamás que se pongan el barbijo y decirlo con todo el amor porque cuesta un poco porque debe ser muy molesto en el parto«, señaló Irene Romero, del HIGA Isidro Iriarte (Quilmes). «Cada uno se compró su propia máscara y tuvimos la precaución de ir haciendo un stock. Todo lo que sobra al terminar la guardia se guarda», dijo Princich.

Cara a cara con el COVID

Pese a los cuidados, las obstétricas sufrieron contagios que, en algunos momentos, derivaron en el cierre de servicios o salas por la falta de personal. Con el transcurrir de los días, los protocolos se afinaron.

«Al principio, en algunas salas de las periferias con algún personal con COVID se cerraban para desinfectar y que el personal hiciera el aislamiento. Las pacientes no sabían dónde acudir: algunas venían al hospital, otras esperaban que se reabra. Ahora todo está más aceitado, no se cierran tanto y se reubican a las pacientes«, dijo Ferrer

Es más, según señaló la profesional del Hospital Dr. Eduardo Oller, registraron «oleadas por hospitales que estaban saturados o no tenían atención porque tenían personal aislado. Hemos tenidos guardias de 15 internaciones en un día».

«A fines de agosto y principio de septiembre tuvimos que cerrar la maternidad porque tuvimos el 90% del personal afectado entre contagios y contactos estrechos«, recordó Princich y agregó: «Costó mucho que tomaran la decisión de cerrarla, pero se hizo un convenio con una clínica cercana con prioridad de derivación y contrataron médicos extranjeros por un mes para el triage. Las pacientes en planta fueron atendidas por la jefa de la maternidad y con una sola médica que no estuvieron aisladas».

Las 5 obstetras fueron hisopadas, aisladas, aunque solo una de ellas fue diagnosticada con COVID positivo. De todos modos, todas asumen que podrían haber padecido al SARS-CoV-2 por algunos síntomas que sufrieron desde que el coronavirus llegó a la Argentina.

«Yo fui positivo y mi marido negativo. No salía de mi habitación, fue realmente muy estricto», afirmó Princich. Pese a que fue la única con diagnóstico, todas implementaron operativos en sus hogares para evitar los contagios dentro del hogar.

Marcadas a fuego

«Gracias al COVID aprendimos un montón y son cambios que ojalá queden«. No importa quién lo diga, las 5 opinan del mismo modo. La pandemia les permitió mejorar no solo la atención, sino también la prevención tanto de esta como de todas las enfermedades.

«Nos costó aprenderlo, porque el enemigo era invisible», señaló Ale y advirtió que ante la ausencia de insumos definieron adquirir sus propios elementos. «Yo compré el insumo y salimos a pedir que nos regalen máscaras. En marzo y abril era tierra de nadie, aprendimos de nosotros mismos», añadió.

La superación ante la adversidad las marcó a fuego y el enfrentamiento cara a cara con el virus provocó cientos de emociones. «El personal está triste y cansado, por cualquier cosa lloran y se angustian. Están cansados más que asustados«, relató Ale y agregó: «Preguntan si habrán vacaciones, no para viajar, sino para quedarse en casa con la mente en blanco. Escuchás a la gente que dice que está podrida de estar encerrada. No sabés lo que daría por 10 minutos de ese encierro«.

«Sabemos tan poco de la enfermedad que en realidad no sabemos nada y la única posibilidad de salir adelante es cuidándonos. La gente desestima la enfermedad y la persistencia del virus tiene que ver con cómo nos comportamos», añadió Giménez, mientras que Romero relató: «Salís de la guardia y es un día menos. Te vas y esperás no tener síntomas para poder ir a la próxima guardia. Es un día a día, fue todo muy movilizador«.

Pero eso no es todo. A esta situación se suma un reclamo que influye en sus emociones: la falta de personal de obstetricia. «Te dicen que las obstétricas son esenciales, pero no pagan reemplazos de guardia porque dicen que prefieren reforzar servicios extremadamente esenciales. Entonces te preguntás: ¿por qué estoy dando mi vida y exponiendo a mi familia si no soy tan esencial?», concluyó Ale.

 

Fuente : A24.com

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