El conflicto no terminó. Solo está en pausa.
Tras semanas de guerra, Estados Unidos e Irán acordaron una tregua de dos semanas. Pero lejos de ser un triunfo, el balance deja más dudas que certezas.
Aunque Donald Trump presentó el acuerdo como un éxito, la realidad muestra otra cara:
* No se logró desmantelar el programa nuclear iraní.
* El control del estratégico estrecho de Ormuz sigue en disputa.
* Irán llega fortalecido a la negociación.
Además, el costo fue alto: pérdidas militares, tensión con aliados y un fuerte impacto económico global, especialmente por la suba del petróleo.
Incluso dentro de EE.UU., crecen las críticas por el desgaste político y la imagen internacional deteriorada tras el conflicto.
Mientras tanto, la tregua —impulsada con mediación internacional— es frágil y deja abierta una pregunta clave:
¿fue realmente un avance… o solo una pausa en una crisis mayor?